• Sergio García Esteban

Los que se alimentan de seguidores

Antes de empezar con la publicación propiamente dicha, me gustaría destacar dos cosas.


La primera: estrenamos formato para la sección de opinión. Como podéis ver, este apartado del blog se parece más a eso, a un blog, ya que podéis comentar, señalar cuáles son vuestros post favoritos y ver otras cosas interesantes, como el tiempo que os va a llevar leer cada una de las publicaciones.

He querido dar este formato al apartado de opinión porque quería hacerla más interactiva. Me parece interesante que, al igual que yo, también vosotros podáis expresar lo que pensáis y que incluso podáis darme vuestro punto de vista de aquello que voy contándoos.


El segundo aspecto que quería destacar es que, como el nombre del apartado de la web en el que estáis indica, todo lo que vais a leer en esta sección es simplemente eso: mi opinión. Puede que no hable de temas actuales, pero mi idea es ir contándoos cosas que me resulten interesantes, independientemente de si están de moda o no. Es más, incluso es posible que no estéis de acuerdo con aquello que mencione, aunque si es así para eso están los comentarios, para poder debatir de una forma organizada.


Dicho esto, comenzamos.

A día de hoy, gracias a Internet, resulta relativamente sencillo publicar una novela y comenzar a promocionarla, al menos mucho más de lo que lo hubiese sido hace algunos años, cuando no teníamos un acceso tan inmediato a la red.

En este sentido, una buena herramienta son las redes sociales. Al igual que muchos otros compañeros de letras, yo las uso, no solo para promocionar mis obras, sino también para dar a conocer toda mi labor como escritor; sin ninguna duda, son una herramienta que nos permite llegar a personas con las que no podríamos comunicarnos de otra manera.

Hasta aquí, el camino del escritor parece relativamente sencillo: publicamos nuestra obra (no voy a entrar en este post a tratar el tema de las diversas formas de publicación. Si queréis, puedo hablaros de ello en futuros artículos), creamos perfiles en las diversas redes sociales y comenzamos a promocionar. Pero enseguida nos daremos cuenta de que surge un nuevo problema, y es que el inconveniente en estos años que vivimos no es tanto publicar y promocionar la novela, sino destacar entre tantas y tantas personas que, al igual que nosotros, buscan que sus escritos sean leídos. ¿Qué debemos hacer, entonces? ¿Cómo podemos hacer que lectores potenciales lleguen a nosotros?

Siguiendo la lógica, una primera idea que nos puede surgir es la siguiente: a mayor número de seguidores en nuestros perfiles, mayor repercusión de aquello que digamos. ¡Perfecto! Una idea brillante, ya tenemos claro nuestro objetivo, conseguir más seguidores. ¿Cómo lo hacemos?





Dejando de lado las estrategias para conseguir que nuestro contador de followers aumente (seamos sinceros, no soy ningún experto en el tema y, probablemente, la mayoría de consejos que pueda daros no sirvan absolutamente de nada), en este artículo quiero referirme a un grupo concreto de personas que, más que buscar aumentar su número de seguidores, prácticamente parece que se alimentan de ellos.

Y es que al igual que hay individuos que son adictos a los me gusta en las publicaciones, también existen aquellos que parece que no pueden dormir si su contador de followers no va a más. Son una especie de vampiros, sedientos de protagonismo y de una pseudofama que, al menos desde su punto de vista, los hará vender más libros.





Para conseguir su cometido, emplean la táctica de seguir a multitud de cuentas que, aparentemente, tienen los mismos gustos y aficiones que ellos, como por ejemplo otros escritores, lectores o blogs literarios, entre otros. Lo que pretenden con esto no es conocer a gente interesante, a colegas de las letras a los que leer o con los que hablar de literatura, sino aumentar el casillero de follow. A ese tipo de gente no le importa nada lo que tú hayas escrito, tus proyectos de futuro o los eventos a los que vayas a asistir. A estas personas solo les interesa una cosa: que les sigas de vuelta.

Resulta fácil reconocer a aquellos que se alimentan de followers, pues siempre siguen el mismo modus operandi. Comienzan actuando de manera inocente, con cautela, tratando de confundirte: lo primero que hacen es dar follow a tu cuenta. Si les sigues de vuelta, perfecto, han conseguido su objetivo, aumentar en uno su casillero de seguidores, aunque para ello hayan tenido que darte follow a ti, que no le importas un pimiento y jamás van a leer nada de lo que escribas. La cosa se complica un poco si no haces followback; es entonces cuando los que se alimentan de seguidores muestran su verdadero rostro.

Si pasado un tiempo (una o dos semanas, unos días o unas horas, dependiendo de lo sediento que esté nuestro espécimen) no le has seguido de vuelta, el adicto a los follow comienza a ponerse nervioso. Es entonces cuando piensa que no le vas a seguir, que te da igual lo que haga y desata su furia… o al menos lo intenta. es entonces cuando hace gala de todos sus trucos más sucios y deja de seguirte. Tan pronto como viene, se va.




No estoy en la mente de todas aquellas personas que se dedican a este noble arte, por lo que no puedo entender del todo qué es lo que se les pasa por la cabeza para actuar así. Quizás piensen que comportándose de esta manera y aumentando el número de followers van a conseguir que sus obras sean bestsellers. Sería interesante hacer una encuesta sobre este tema.

Mención especial a aquellos que utilizan bots, a esta gente me encantaría acunarles en mis brazos y decirles lo especiales que son.




Estas personas, para aumentar su número, en lugar de emplear estratagemas y triquiñuelas de lo más elaboradas (nótese la ironía), optan por gastar su dinero en sitios web que hacen que la cantidad de “gente” que les sigue crezca a toda velocidad. El único problema es que esas cuentas son falsas, es decir, no son controladas por un humano, sino por un robot, aunque no un robot guay.




Aquí he hablado de adictos a los seguidores pertenecientes al mundo literario, pero no penséis que estos son los únicos, pues los hay de todo tipo de clases. Así, dentro de esta fauna que vive de los followers, podemos encontrar a todo tipo de artistas, bloggers, youtubers, etc. En suma, personas que se creen superiores a los demás porque el número que aparece en su casillero es mayor que el tuyo; es algo así como “ver quién la tiene más grande”, pero en la era de las tecnologías de la información y la comunicación.



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