• Sergio García Esteban

¿Otro capítulo?

Este fin de semana, mi pareja y yo comenzamos a ver una serie en una plataforma de streaming. Fue un importante estreno el pasado 2019 y, según leímos, había recibido críticas mayoritariamente positivas, por lo que nos entró la curiosidad y decidimos darle una oportunidad.


Pusimos el primer capítulo, luego el segundo y, cuando quisimos darnos cuenta, habíamos visto más de la mitad de la serie. En apenas dos días, habíamos devorado la temporada al completo, así que ya estamos esperando a que lancen la siguiente.


Por supuesto, no es la primera vez que nos pasa esto, y probablemente no sea la última. A día de hoy, y gracias a estas plataformas que suben toda una temporada de nuestra serie favorita de golpe, es común que nos demos “atracones” y veamos una serie completa en apenas unos días o en unas pocas semanas. Esto me ha llevado a reflexionar acerca de la forma en la que consumimos las series en la actualidad, y en cómo ello ha cambiado la forma de hacerlas.


No hace mucho, casi todos nosotros veíamos las series en las cadenas de televisión, lo que suponía que, en la mayoría de los casos, tuviésemos un capítulo nuevo a la semana. Ver una nueva entrega de nuestras series se convertía casi en un ritual: cenar y sentarse en el sofá, alrededor de la televisión, encender el aparato y esperar a que llegase la hora indicada para que comenzase. En muchos casos, además, los capítulos no cerraban del todo una trama o interrogante, por lo que nos dejaban en ascuas una semana completa, esperando para saber si en la siguiente entrega saldríamos de dudas.



No se si a vosotros os pasaría, pero yo recuerdo incluso que mis semanas se programaban en función de la serie que iba a ver cada una de las noches: lunes, Los hombres de Paco; martes, Cuéntame, y así sucesivamente. Si la que tocaba esa noche me gustaba especialmente, pasaba el día pensando en ella y, al día siguiente, comentaba lo ocurrido en el capítulo con algún familiar, amigo o incluso compañero de trabajo.


Como no podía ser de otra forma, Internet, y las plataformas de streaming antes mencionadas, cambiaron esto. Aunque en muchos casos los estrenos seguían siendo semanales, ya no hacía falta estar un día concreto a una hora determinada delante del televisor, sino que podías verlo cuando quisieras y donde quisieras. De hecho, empezaron a lanzarse series, exclusivas de este tipo de webs, que disponían de una temporada completa al instante. En otras palabras, ya no hacía falta esperar una semana para ver un nuevo capítulo, sino que podías verlos todos, si querías, en un mismo día.


Si bien es cierto que a día de hoy sigue habiendo series que estrenan capítulos semanalmente, actualmente son casi más populares aquellas otras que cuelgan una temporada entra de golpe. Esto supone una nueva forma de ver series: sin esperas entre capítulos, sin horarios fijados; ahora, la serie se adapta a nosotros y no nosotros a ella.


Son muchas las ventajas que esta nueva forma de visualización tiene, pero también es cierto que se han perdido muchas cosas. Sin ir más lejos, esa magia, ese ritual del que antes os hablaba, ya no existe. La serie se adapta a nosotros y eso está genial, ya que podemos verla, por ejemplo, en el metro, pero esto ha propiciado que ya no valoremos tanto la calidad de lo que vemos, sino más bien la cantidad. O, dicho de una forma más correcta, no valoramos tanto que cada una de las partes sea buena, sino que todo, en su conjunto, lo sea.


Me explico. Ahora, no hace falta que cada uno de los capítulos, de manera individual, sea bueno o aceptable, sino que prima más que la temporada, en su conjunto, lo sea. Acortar los tiempos de espera entre un capítulo y otro ha llevado a que no sea necesario mantener un nivel muy alto en todas las entregas para no perder audiencia. Antes, un episodio malo podía condenar a una serie: perdía espectadores y la cadena podía llegar incluso a cancelar su retransmisión. Ahora se le entrega al espectador la temporada completa, por lo que si hay algún que otro capítulo más flojo, no importa, ya que es muy probable que el vea el siguiente.


Volviendo a la serie de la que os hablaba al principio del post, os puedo decir que no todos los capítulos me gustaron, pero que continué viéndola porque todos estaban disponibles. Es probable que si hubiese tenido que esperar una semana para ver el siguiente episodio no la hubiese terminado, pero el hecho de tener todos los capítulos al alcance de mi mano hizo que los viese.



En resumen, ofrecer al espectador todos los capítulos de una misma temporada de golpe conlleva que no se valore a la serie por la calidad individual de cada uno de ellos, sino más bien por la suma de todos. Esto explica por qué algunas series no funcionan en televisión pero, al pasar a una plataforma de streaming, se convierten en rotundos éxitos: en general, son buenas, pero si nos paramos a analizar cada una de sus partes, resultan más bien mediocres.


¿Qué opináis vosotros? ¿Os parece que la forma de consumir series en la actualidad afecta a la calidad de las mismas?


Por cierto, se que hay muchos aspectos que no he tocado en el post, como por ejemplo los tipos de espectadores que hay hoy en día o las ventajas que tienen las plataformas de streaming, que por supuesto las tienen. Si os gusta este tipo de contenido, puede que más adelante os hable sobre estos interrogantes que han quedado en el aire.



#Opinión #SeriesDeTV

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